miércoles, 30 de junio de 2010

Violencia

Ante los hechos ocurridos frente al Capitolio entre manifestantes y policías me pregunto qué pensarán nuestros niños. Me intriga saber qué opinión tiene la generación que se encargará de nuestro país en un futuro cercano. ¿Cuáles serán sus modelos a seguir? Me asusta imaginar lo que piensan pero vale la pena preguntárselo:

¿Pensarán que la violencia se debe responder con violencia? ¿Pensarán que los puertorriqueños somos violentos? ¿Pensarán que hay que desconfiar de la policía? ¿Pensarán que los policías son represores? ¿Pensarán que hay que manifestarse con violencia para que los reclamos sean más válidos?

¿Creerán que la democracia es un mito? ¿Se atreverán a ejercer su opinión sin miedo? ¿Sabrán lo que significa la libertad de opinión? ¿Creerán que los insultos llevan a la victoria de las luchas? ¿Comenzarán a ponerle sobrenombres y epítetos a aquellos que piensan diferente? ¿Se sentirán seguros? ¿Aspirarán a ocupar puestos políticos en el país?

¿Qué pensarán del silencio? ¿Aprenderán a hacerse de oídos sordos ante las situaciones del país? ¿Creerán que ante los problemas sociales la solución es emigrar?

Si lo que ven es violencia en todas partes ¿Sabrán diferenciar entre esas trifulcas y el narcotráfico? ¿Pensarán que el fin justifica los medios? ¿Entenderán que es normal que en su país las cosas se resuelvan a macanazos, botellazos, peper spray, insultos, epítetos y otros? ¿Pensarán que la razón sirve para algo? ¿Escogerán el diálogo antes que los puños?

Lo que hacemos hoy con nuestro país es el ejemplo que ellos seguirán para formar sus vidas. Nuestras acciones construyen o destruyen el país que ellos disfrutarán o sufrirán. Nuestra inacción nos convertirá en cómplices de las desgracias que pasen. Mientras tanto, nuestros niños ven, graban, aprenden y en algún momento imitarán. ¿Qué pensarán nuestros niños? Me parece que nadie está pensando en ellos.

domingo, 16 de mayo de 2010

Carta Abierta a líderes y pastores de mi país

Bendiciones. La vida de los países se compone de procesos: el devenir histórico provee espacios en los cuales los países despuntan y prosperan en ciertos aspectos o decaen y tocan fondo. En medio de esos procesos se levantan, para bien o para mal, diversos personajes que en busca de adelantar algunas ideologías o luchas, logran captar la atención de las masas y quedan plasmados como parte de ese proceso o momento histórico. Debajo o al lado de esos personajes se posicionan instituciones, organizaciones o movimientos, principalmente ideológicos, que dan balance, fuerza o solidez a las luchas que impulsan aquellos personajes.

Sin lugar a dudas la Iglesia en Puerto Rico ha tenido su lugar de gran importancia en la Historia del país, y ha logrado marcar momentos con instituciones y personajes que todos hemos conocido. Las iglesias que llegaron a la Isla en el siglo XIX lograron ser parte de un proceso político que trastocaba el país. Mientras la milicia norteamericana tomaba posesión de las plazas, la iglesia lograba accesar lugares insospechados en la difícil topografía isleña, y de esta manera llegaban a llenar un espacio que había dejado vacío la oficialidad política y eclesiástica de ese entonces. De la misma manera el movimiento pentecostal logró calar en las clases pobres y marginadas de la primera mitad de siglo XX, dándole esperanza y una nueva forma de ver la vida a los obreros oprimidos y las personas sin educación.

Hemos tenido personas de gran renombre que han logrado hacer que nuestras causas se vean más claras ante el mundo y que han llegado a través de sus mensajes, voz profética y milagros a miles de personas. Estos líderes siembran en el pueblo cristiano la confianza de que tienen una voz latente en medio de los tiempos.

Sin embargo, esos tiempos pasaron, y nuestros tiempos nos reclaman a nosotros. Nuestra realidad nos grita día a día cada vez que abrimos un periódico, escuchamos o vemos noticias, cada vez que nos enteramos de algún desastre o cuando le damos dinero a un deambulante. Gracias a Dios nuestras iglesias no están muertas, ni son edificios vacíos. Las Iglesias en Puerto Rico son voces fuertes que ejercen una labor que pocos están dispuestos a realizar; las iglesias cargan sobre sus hombros responsabilidades sociales que otros sectores no quieren asumir. Testimonio de estas responsabilidades pueden dar los deambulantes que son alimentados en las plazas, las familias que reciben consejería en oficinas pastorales, las familias que reciben una compra en el momento que más lo necesitan, los presos y enfermos que son visitados, y si siguiéramos mencionando nos quedaríamos sin espacio.

No obstante, creo que nos falta camino por recorrer. Nuestro país tiene los síntomas de una sociedad que convulsa. Muchos jóvenes tienen una espectativa de vida de 23 años si tienen suerte. Nuestra economía sufre los embates de una recesión mundial. La educación pública ha perdido a muchos, siendo la estadística de deserción escolar de más de cuarenta por ciento. Sufrimos de casi 900 asesinatos por año. Mientras los valores familiares van en deterioro, organizaciones a favor de versiones distorsionadas de familia toman auge a nivel mediático. Tenemos una clase política que se ha ido desprestigiando por causa de la corrupción y la inconsistencia de sus posturas. Ciertamente son muchas las malas características que permean nuestra difícil realidad: no podemos tapar el cielo con la mano.

Como estudioso de la Historia de Puerto Rico no me parece que este sea un momento más, un periodo igual a los demás. Creo firmemente que este es un momento histórico de particular importancia, uno de esos momentos donde los países se definen y marcan su historia decisivamente. De la misma manera creo que es momento de que la Iglesia decida tomar una acción sin precedentes como lo demandan los tiempos. Situaciones recientes como el conflicto universitario, nos insta a decir presente. En un conflicto de tan alta temperatura, necesitamos tomar una postura. Creo que nuestro llamado no es necesariamente a estar de un lado o del otro sino a ser pacificadores, la Iglesia puede convertirse en el canal que ayude a apaciguar las macanas de los policías y los insultos de los manifestantes. Miremos las cosas con los ojos de la sabiduría y la calma y marquemos el rumbo de la Paz.

Pero nuestra reacción ante los eventos no debiera ser sólo momentánea, ni reaccionaria. Debemos estar preparados y ser proactivos. Debemos estar preparados para estar presente en todo momento. No debemos limitarnos al problema familiar o a los casos que la prensa ventile más. Debemos ser una voz que proponga soluciones en materia económica, salud, educación, seguridad, y de todos los temas que así nuestra sociedad amerite. Soluciones que provengan de la oración y el pensamiento ponderado e inteligente. Soluciones que hablen de un pueblo cristiano que se interesa por la gente en todos los aspectos. Eso sería un plan envangelístico innovador. Necesitamos trascender para evangelizar a nuestro país de manera concertada, estratégica, inteligente y sobre todo, dirigida por Dios. Mientras nos limitemos a un solo tema, será más difícil presentarnos como un ente que prentende ser parte de la sociedad.

Recientemente el proyecto evangelístico de la Asociación Billy Graham, Mi Esperanza, tuvo lugar en Puerto Rico. Entre todos los atributos que tuvo el proyetco, destaco como el más importante, a mi manera de verlo, el que se pudieran unir cientos de iglesias para trabajar juntos por las almas. Iglesias que no se veían como competencia sino como aliados para llevar la Palabra de Dios a los perdidos y desamparados. Creo que fue tremenda práctica para comenzar un proyecto nacional de evangelismo. Es momento de que nos auto convoquemos para que comience un diálogo que nos lleve a actuar concertadamente en todas las áreas que se nos requiera. Un proyecto donde lo importante no sea ostentar el poder sino el bienestar de la gente.

Esa convocatoria debe ser multi disciplinaria e inclusiva. Si en las iglesias tenemos buenos doctores, maestros, economistas, policías, trabajadores sociales. psicólogos, artistas, humanistas, ingenieros, arquitectos, carpinteros, ebanistas, barberos, estilistas, y muchos más, ¿por qué no utilizarlos para un evangelismo social local? Creo en un plan evangelístico que nos sirva a nosotros conforme a nuestras características como pueblo. Creo que tenemos el talento y el poder de Dios para responder al llamado crucial que nos hace la historia.

Son muchas las diferencias teológicas que tal vez sean insalvables. Pero creo que son más las cosas que nos unen. Nos une el deseo de vivir en un país mejor. Nos une el deseo de que la gente le sirva a Cristo. Nos une el deseo de que la gente vea el poder de Dios. Nos une el amor por nuestro país que Dios ha derramado en nosotros.

Mi llamado a los pastores y a los líderes de mi país es a la acción. Si mi disertación ha sido extensa es porque mi corazón me exige hablar. Mi pasión por el evangelismo en mi país me lleva a hablar con ustedes, gente que quizás conozca o no. Espero de parte de ustedes una reacción a mi misiva, un consejo, una exhortación, una crítica, una palabra de aliento, o un espaldarazo para seguir caminando juntos. Oremos para que Dios nos levante aún más de lo que ha hecho hasta ahora. Respondamos al llamado de Dios. Actuemos para que nuestro país reciba de nuestras manos el pan que Dios nos ha dado y que nos falta por repartir.

Con afecto fraternal,

Marcos A. Vélez Rivera
Profesor de la Universidad Teológica del Caribe
Líder de evangelismo, Iglesia Mission Board, Cupey Alto

jueves, 15 de abril de 2010

Universidad y representatividad

Las democracias están pensadas para que las minorías sean protegidas de los abusos de la mayoría. El sistema debe garantizar la participación, la voz y el voto de todos para tomar decisiones en cuanto a determinados temas. Sin embargo es increíble que en el primer centro docente del país las decisiones las tome el cuatro por ciento de los estudiantes, incluso en cosas tan serias como paralizar el Recinto.

Menos de 800 estudiantes votaron a favor de un paro cuando la universidad cuenta con 19,000 estudiantes aproximadamente. Es muy conocida la apatía de los estudiantes riopedrenses a participar en eventos de este tipo. Sin embargo escoger el Teatro de la Universidad donde no caben más de 3,000 personas, es una estrategia burda y antipática de dominar un quórum. Tratar de garantizar la participación abriendo espacios en otros anfiteatros es faltarle el respeto a la inteligencia de los que sabemos que dentro de la Universidad hay espacios mucho más grandes, y aún fuera de la Universidad como se ha hecho en ocasiones anteriores.

Pero el problema mayor no es que un grupo pequeño pretenda manejar los estudios de los demás. Lo peor es la indiferencia de los otros 18,000 estudiantes. La votación final de la Asamblea fue 763 votos a favor y 261 en contra. Escasamente mil estudiantes no representan la mayoría. ¿Dónde están los demás? ¿Por qué resignarse a no hablar?

El sistema de la UPR debe regirse por la democracia, y en las democracias debe participar la mayor cantidad de gente posible. La movilización de estudiantes debe ser mayor. La Universidad y los Estudiantes deben cambiar el disco rallado que los atormenta. La ecuación Paro + Huelga = Violencia ya no funciona. Claro, que si a los 18,000 no les interesa pues cerremos nuestro primer centro docente y escuchemos música de los sesenta.
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